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sábado, 26 de mayo de 2012




Nos llevan diciendo frases hechas, refranes y consejos desde que tenemos uso de razón, pero no empezamos a creérnoslos hasta que la experiencia nos los reafirma.

Trabajo, empeño, constancia y sobre todo, perseverancia. Muchísimo de todo eso.

La mayoría de las cosas que realmente tiene relevancia se consiguen y conservan con esas cuatro; no me refiero a una casa en la playa, ni a un boleto de lotería premiado, ni a cambiar nuestro físico... me refiero a lo importante. Ya sabéis.

jueves, 26 de abril de 2012

Principio de entropía



¿En qué momento deja uno de pensar a perder el tiempo? ¿Dónde se encuentra exactamente la línea que separa lo prohibido de lo añorado? ¿En qué momento nuestras acciones cruzan la frontera entre los impulsos y la razón? No lo sé. Ni quiero saberlo. Creo que ya he malgastado demasiado tiempo intentando buscar un justo medio, un balance entre el "quiero", el "puedo" y el "debo". Quizá ninguna de estas fronteras existan y nuestro problema radique en buscar razones que no existen, en intentar retener los sucesos, en tener miedo a lo que pueda pasar. Gracias (y no precisamente a ningún dios), existe algo llamado principio de entropía. Y qué bendito desorden.

lunes, 20 de febrero de 2012

No habrá otro porque sí.

Contra todo pronóstico y tirando por la borda todo mi ejército de principios, propongo un día de mi vida sin porqués. Una jornada entera sin cuestionarme nada, sin preocupaciones, sin dudas, sin desconfianzas infundadas y probablemente carente de emociones, curiosidades y certezas. 

Es extraño; ayer me preguntaba cosas porque necesitaba saberlas. En cambio, hoy no me pregunto nada, no me pica la curiosidad pero... ¿Por qué? Porque no quiero saberlo, lo que deja demostrado que hasta lo más absurdo tiene un porqué, una razón de ser.

Estoy condenada a seguir preguntándolo todo, supongo. A romperme la cabeza pensando en cosas que quizá no me lleven a ninguna parte o quizá me lleven demasiado lejos. Los 365 días del año centrifugando recuerdos e ideas.

Yo no quiero pensar, y tengo mi porqué: porque la vida es más fácil con los ojos cerrados.


jueves, 8 de diciembre de 2011

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Que frenen las palabras que salen de tu boca y brindemos el momento con un cálido silencio.
Que solo el frío sea testigo del instante que vivimos y cordial desaparezca.
Que el cabello y las manos dejen de ser aliciente y se conviertan en activo.



Que así sea.

lunes, 5 de diciembre de 2011

el cuarto de diciembre



Cuando la manta que te abriga te empieza a  agobiar, entonces algo va mal. Cuando los domingos vuelven a ser tan tediosos como antes y aborreces las tonterías y los atolondramientos... algo va mal. Quizás esté llegando la hora de mirar hacia dentro para entender el exterior. Es lo que tienen las cosas extrañas de la vida; enamorarse es un proceso espontáneo pero desenamorarse implica mucho desgaste. Ojalá llegue el día en que entre en mi vida un hecho, una cosa...algo sin fecha de caducidad.